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¡Cerremos las piscifactorías!
Desvelamos lo que ocultan las piscifactorías. Ahora te toca a ti cambiar esta realidad.
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¡Cerremos las piscifactorías!

Investigación encubierta

Agonía Bajo en Agua

AnimaNaturaslis presenta su investigación que expone la realidad de las piscifactorías en España, donde un número inmenso de animales sufren cada día sin que existan normativas específicas que protejan sus intereses básicos. Como no escuchamos sus gritos y su agonía se ahoga bajo el agua, parecen ser invisibles.

Más de 30 millones de truchas arcoiris son criadas en España cada año, lo que representa el 70% de los peces de agua dulce en ese tipo de instalaciones. España es el primer productor de la UE y es responsable de la muerte de más de 254 millones de peces —entre marinos y de agua dulce— cada año, sin normativa estatal de bienestar.

Para cambiar esta realidad, proponemos eliminar o reducir drásticamente el consumo de peces y optar por alternativas vegetales, elevando urgentemente la protección legal de los peces al nivel de otros animales de granja

Investigación encubierta en piscifactorías. España, 2025.

Lo que ocultan las piscifactorías

Cría y engorde

En las piscifactorías, la trucha es sometida a un ciclo de reproducción enteramente artificial: son anestesiados para extraer manualmente huevos y semen, los alevines pasan sus primeras semanas en piscinas cerradas y luego compiten en tanques densamente poblados, lo que provoca un estrés crónico y priva a los peces de cualquier estímulo natural. Su engorde, que dura entre 9 y 20 meses, se basa en piensos procesados que no satisfacen su dieta ni replican la diversidad de presas de su hábitat, y se ajusta al color pálido que exige el mercado. Además, la cría intensiva consume hasta cinco kilos de peces salvajes por cada kilo de trucha producido y reduce su esperanza de vida de hasta 10 años en libertad a apenas uno o dos.

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Hacinamiento

El hacinamiento eleva el estrés crónico de los peces, disparando sus niveles de cortisol y activando la degradación de sus proteínas musculares, lo que reduce su crecimiento y masa corporal. Además, el sistema inmunitario se debilita, incrementando su vulnerabilidad a enfermedades, mientras el desgaste físico —como la erosión de aletas y la pérdida de escamas— y los movimientos estereotipados se hacen más frecuentes. La alta densidad también deteriora la calidad del agua: disminuye el oxígeno disponible y eleva el amoníaco tóxico por la mayor excreción de desechos, favoreciendo la agresividad y competencia por el alimento, pues los individuos dominantes acaparan la comida y marginan a los demás, agravando el estrés y las lesiones dentro del grupo.

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Clasificación

La clasificación de las truchas se realiza a menudo mediante máquinas de succión que absorben a los peces a gran velocidad para separarlos por tamaño. Este método provoca manipulaciones bruscas que ocasionan hematomas, daños en aletas y escamas, y elevan los niveles de cortisol debido al estrés. En instalaciones más pequeñas o en procesos alternativos, se usan redes manuales o automáticas que enredan a los peces, provocando heridas por fricción y exponiéndolos al aire durante varios minutos. Al quedar fuera del agua más de 15 segundos —a menos que estén anestesiados— sufren asfixia y desorientación, y pueden caer al suelo, golpearse o fracturarse, incluso morir. Todo ello responde a la búsqueda de rapidez y bajo coste, sin atender al bienestar animal.

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Transporte

El transporte de los peces al matadero, a menudo en barcos vivero o contenedores de agua, somete a los animales a niveles bajos de oxígeno que reducen su actividad y les provocan altos niveles de estrés. El hacinamiento dentro de estos recipientes generan ansiedad y movimientos erráticos, aumentando el riesgo de contusiones y abrasiones por la presión de los cuerpos amontonados. Además, la falta de un control riguroso de la calidad del agua durante el trayecto puede elevar los niveles de amoníaco, un tóxico que agrava el sufrimiento. El manejo brusco al cargar y descargar los contenedores contribuye a lesiones físicas y prolonga el estrés de los peces hasta el momento del sacrificio, haciendo que su última etapa de vida sea especialmente traumática.

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Sacrificio en frío y eléctrico

El método más común en las piscifactorías es el shock térmico: los peces se sumergen en hielo o agua con hielo triturado durante hasta 90 minutos, padeciendo agonía por hipotermia y asfixia mientras permanecen conscientes gran parte del tiempo. Aunque económico, este sistema provoca un sufrimiento prolongado al fallar sus branquias con el frío. El aturdimiento eléctrico se ofrece como alternativa «más humanitaria», pero las descargas, a menudo mal calibradas, dejan a muchos peces semicongelados y conscientes durante la evisceración, mostrando movimientos de agonía y dificultad para respirar, incumpliendo el Reglamento (CE) 1099/2009, que prohíbe causarles «dolor, angustia o sufrimiento evitable».

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Sacrificio por percusión

La percusión, considerada efectiva si se aplica correctamente, sufre altos índices de error por fallos mecánicos o manejo manual inadecuado, dejando peces conscientes durante el corte o la decapitación. A su vez, el ayuno previo —permitido hasta seis días antes de la matanza para mejorar la higiene— debilita el sistema inmunológico de las truchas, genera estrés conductual y aumenta la agresividad intraespecífica, contraviniendo el objetivo de minimizar su sufrimiento. En conjunto, la falta de normativa específica sobre bienestar en piscifactorías españolas permite que estos métodos crueles persistan, evidenciando la necesidad urgente de reformas que garanticen un sacrificio verdaderamente indoloro.

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Enfermedades

Las enfermedades en las piscifactorías de trucha arcoíris surgen directamente del estrés y el hacinamiento: la enteritis bacteriana y la furunculosis provocan úlceras cutáneas y alta mortalidad; los parásitos (Argulus, Lepeophtheirus) dañan piel y branquias y se propagan rápidamente; y virus como el de la necrosis pancreática infecciosa (IPN) generan brotes masivos que obligan a tratamientos masivos con antibióticos y antiparasitarios. Debido al Reglamento 2016/429, la mayoría de estas patologías no son de declaración obligatoria, carecen de protocolos veterinarios estandarizados y apenas hay datos epidemiológicos fiables, lo que dificulta su control y agrava el sufrimiento de los peces.

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Antibióticos

El uso extensivo de antibióticos en la acuicultura favorece la aparición de resistencias que afectan a la salud humana y animal —los residuos pueden llegar al consumidor—, y los antiparasitarios y demás químicos empleados contaminan agua y suelo. Además, plásticos, aceites y desechos sanitarios generados en las piscifactorías dañan la biodiversidad acuática, alteran la calidad del agua y perturban cadenas tróficas. El “Informe de Directrices Estratégicas para una Acuicultura Sostenible 2021-2030” del MAPA reconoce la importancia de las enfermedades como limitación productiva y problema de bienestar, mientras la industria admite la falta de estudios epidemiológicos y el desafío de controlar epizootias de amplia distribución.

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Empaquetado

El empaquetado prolonga el sufrimiento de las truchas, pues tras el sacrificio y enfriamiento muchas aún presentan signos vitales al ser colocadas en cajas de transporte. Al apilarse sin consideración alguna, algunos peces quedan asfixiados o aplastados, lo que refleja una grave negligencia en el manejo postmortem.

Esta etapa pone de manifiesto la ausencia de regulaciones específicas que garanticen el bienestar de los peces hasta el último momento, permitiendo que continúe el maltrato incluso cuando ya están destinados al mercado.

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Exigencias mínimas y urgentes de bienestar para los peces

Podemos concluir que el estado actual de la acuicultura en Europa presenta graves deficiencias en materia de bienestar animal. Los peces, a pesar de ser los animales vertebrados más explotados en el mundo, cuentan con normativas mucho menos estrictas que otros animales de consumo. Este análisis, respaldado por las opiniones propias y de organizaciones aliadas en la coalición Eurogroup for Animals, revela una situación precaria y urgente.

Las diez propuestas que presentamos a continuación no pretenden alcanzar un estándar óptimo de bienestar, sino establecer un mínimo imprescindible para garantizar condiciones básicas de vida, manejo y sacrificio que se deberían tener en cuenta en el próximo Código de Buenas Prácticas para el Bienestar de los Peces que está desarrollando la Comisión Europea.

Sabemos que estas medidas, aunque necesarias, son insuficientes para ofrecer un bienestar real. Sin embargo, representan un primer paso hacia la equiparación de los derechos de los peces con los de otros animales de granja y son esenciales para comenzar a corregir las desigualdades normativas actuales.

Implementación de métodos de aturdimiento efectivos para todas las especies de peces, asegurando la pérdida inmediata de conciencia antes del sacrificio. Métodos como el aturdimiento eléctrico aplicado correctamente y la hipoxia controlada son los más recomendados, mientras que la asfixia en el aire, el desangrado sin aturdimiento previo, el shock térmico en hielo o el uso de dióxido de carbono deberían prohibirse por la crueldad que implican.

El hacinamiento en jaulas y estanques genera estrés crónico en los peces, debilitando su sistema inmunológico y aumentando la propagación de enfermedades. Limitar la densidad de peces es fundamental para permitirles realizar comportamientos naturales, reducir agresiones y mejorar la calidad del agua. Las regulaciones deben especificar límites claros por especie y condiciones ambientales, adaptándose a las necesidades biológicas de cada pez.

El alojamiento debe satisfacer las necesidades de bienestar de los peces, permitiéndoles exhibir sus comportamientos naturales en la medida de lo posible. Debe proporcionarse un sustrato y un refugio adecuados para las distintas especies.

El bienestar de los peces está directamente relacionado con la calidad del agua en la que viven. Parámetros como el oxígeno disuelto, temperatura, pH y niveles de amoníaco deben mantenerse dentro de rangos específicos para evitar el estrés y enfermedades. Se recomienda el uso de sistemas automatizados que permitan el monitoreo continuo y alerten sobre cambios bruscos. Además, deben existir protocolos de respuesta rápida para corregir problemas que puedan afectar el bienestar de los peces.

El transporte es una de las etapas más estresantes para los peces, debido a factores como la manipulación, la fluctuación de temperaturas y la reducción del oxígeno. Se propone limitar el tiempo máximo de viaje, establecer estándares sobre el volumen de agua por pez y exigir vehículos equipados con sistemas de oxigenación y control de temperatura.

Debe reducirse al mínimo la manipulación de los peces, especialmente fuera del agua. Deben evitarse métodos como la utilización de redes secas (para el transporte, el sacrificio, la aplicación de tratamientos, el traslado de granjas u otros fines).

Prácticas como el marcaje, el desespinado y la evisceración se realizan con frecuencia sin anestesia, causando dolor y sufrimiento evitables. Se propone la prohibición de estas prácticas sin el uso de anestésicos adecuados y técnicas que minimicen el dolor.

Exigir la formación específica de los trabajadores en técnicas de manejo respetuoso, identificación de signos de estrés y en el uso de tecnologías que minimicen el sufrimiento de los peces.

Crear un conjunto de indicadores específicos, como tasas de crecimiento, mortalidad, comportamiento anormal y respuesta al estrés, que permitan evaluar el bienestar de los peces de manera objetiva. Estos indicadores deben ser medibles y adaptados a cada especie y su monitoreo debe ser obligatorio en todas las piscifactorías.

Implementar inspecciones frecuentes por parte de organismos independientes para verificar el cumplimiento de las normativas de bienestar animal en todas las instalaciones de acuicultura y que abarquen todas las etapas de la producción, desde el manejo hasta el sacrificio. Además, los informes de inspección deben ser públicos para garantizar la transparencia.

La industria debe invertir en proyectos de investigación destinados a desarrollar nuevas tecnologías y métodos para mejorar el bienestar de los peces, especialmente en lo relacionado con el manejo y sacrificio, y promover estudios sobre el comportamiento y las necesidades específicas de cada especie, facilitando la adopción de prácticas más éticas y eficientes.

Establecer un sistema de etiquetado claro y transparente que informe a los consumidores sobre el nivel de bienestar animal en la producción de productos pesqueros, fomentando prácticas más éticas y permitiendo que los consumidores tomen decisiones informadas y responsables. Este etiquetado debe ser verificable, regulado por entidades independientes y reflejar de manera precisa las condiciones en que los peces son criados, manejados y sacrificados.

En cuanto a la transparencia, los organismos competentes también deberían contabilizar a los peces en la producción pesquera y acuícola como número de individuos, en lugar de toneladas, y recopilar y publicar periódicamente datos sobre los indicadores de bienestar que incluyan enfermedades y tasas de mortalidad.

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